Sobre el encanto y otros sabores….*

Hace nueve meses llegaron nuevos legisladores, entre ellos, muchas mujeres de casi todos los partidos políticos, de casi todas las edades, de casi todos los gustos, de casi todos los lugares. Es un universo extraño, el recinto de la cámara de diputados. Conviven allí el oficialismo, que con su mayoría exquisita, tiene la tranquilidad que da el saberse siempre ganador, y la oposición, que según palabras de Lula, el presidente de Brasil, “está para que el oficialismo no tenga éxito”. Entre estos conceptos navegan los señores legisladores tratando de imponer alguna idea, alguna razón, algún infortunio. La mujer en la política, siempre es otra cosa. Es el color, es la presencia, es la sonrisa, que no se sabe bien si de complacencia o de lástima, pero siempre es la sonrisa. Es el escuchar lo que ya escuchó mil veces, pero para el halago, lo vuelve a hacer. Es discutir, con otras herramientas improvisadas para cada ocasión e imponer casi la misma idea, pero con otro sabor. La mujer en la política tiene siempre algo distinto, tan misterioso como los cambios de humor, y sin embargo tan distintivo. En éste país tenemos una mujer presidenta que pelea todos los días con sus fantasmas, con su marido y con todo su entorno machista. En Francia hay una ministra que está embarazada, que no tiene marido, y que anunció que no dirá quién es el padre de su hijo porque su vida personal es complicada (seguramente el señor está casado).El presidente de Brasil acaba de anunciar que su sucesor será un “mujer”. “Es casi seguro” dijo y sonrió. Michelle Bachelet, cuando asumió la presidencia de Chile en el año 2005 dijo:”Quién lo hubiera pensado hace 5 años atrás…. Parecía difícil pero fue posible”.Si, siempre parece difícil porque la mujer está para otra cosa. No sé bien para qué, pero para otra cosa seguro. Volvamos a la Cámara de Diputados. Hay una legisladora que se llama María Valeria Amendolara es vice presidenta de la comisión de Niñez, Adolescencia, flia y Mujer, tiene ganas, se preocupa y además es joven y sonríe. El jueves pasado me la encontré en un lugar donde todas las mujeres “debemos ir” pero no “queremos ir”. El lugar era un centro de depilación. Parece que las dos queríamos vernos bien. Esa es otra gran diferencia que tenemos con los señores caballeros.

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