La guerra y la paz

Con su cabello largo y su bandoneón a cuesta, llegó al recinto de la Cámara de Diputados Eva Wolf, integrante de la primera orquesta de tango de árabes y judíos argentinos.
Era un día de esos que empiezan con tristeza y terminan en confusión.
Es que se cumplían 7 años del atentado contra los torres gemelas y las imágenes por TV con su inapelable verdad, se repetían, estremecedoras y concretas una y otra vez.
Mientras tanto, los músicos probaban sonido, improvisaban un escenario en el exquisito recinto de la cámara y se preparaban para ofrecer como ofrenda precisa, la melodía que tanta gente había venido a escuchar.
Con dos cantantes y una pareja de baile se inició la función.
Minutos antes de comenzar, se entonaron los himnos de Israel y de la Argentina mientras el embajador de Israel en la Argentina y el presidente de la Cámara de Diputados se acomodaban en el estrado.
Por algunas discrepancias y desencuentros de años de antigüedad, no pudieron compartir ni siquiera tres minutos en la intimidad de un despacho oficial el representante árabe con el representante judío..
Por algunas y muchas razones, quedó en el aire como una sensación de hastío, de revuelta sin pausa y de desolación.
El bandoneón y el violín, con la virtud de quién tiene el mejor sonido de donde agarrarse, tendieron un manto de piedad y callaron las miserias de esa tarde.
La función se fundió con la tristeza de quién no puede remediar nada y la esperanza de que otra vida sea posible en éste mundo sublevado.
Por algunas horas, el arte trajo paz, la música trajo quietud, mientras afuera el horror se seguía por televisión.

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