Historia de una traición
Desde aquella foto del empresario menemista Alfredo Yabrán paseando con su mujer por las exclusivas playas de la costa bonaerense, a ésta imagen que pasan por TV del suspendido intendente de Pinamar, buscado por la policía de la provincia hasta en los baules de los autos, ha pasado mucho agua y arena por la política argentina.Qué ocurrió en sólo tres meses de gobierno de éste intendente, joven, de la nueva generación de dirigentes y con cara de asustado?Algo no anduvo bien. Todo muy rápido. Denuncia, video, extorsión, hombres que manejan la noche desde siempre en Pinamar, suspensión, detención, decepción…Roberto Porretti no tuvo tiempo de gobernar. Apenas asumido, y aún cuando no sabíamos su nombre, tuvimos que aprenderlo porque fue suspendido.El verano fue duro para él. El verano no lo acompañó. Sus sueños de poder y ambición se esfumaron entre el glamour y la sonrisa de las modelos más publicitadas del país.Durante la campaña del 2007, éste ignoto profesor de ciencias naturales, imaginó como la vida le daba la gran oportunidad codeándose y telefoneándose con los funcionarios de las más altas esferas del gobierno nacional, nada mal para alguien acostumbrado al duro invierno que ofrece el mar en su inmensidad y la solitaria carrera política que hacen los hombres del interior . Pero algo salió mal.Su secretario de Gobierno y Hacienda, empresario textil del conurbano bonaerense, tenía buenos y variados contactos que a la hora de la desgracia, desaparecieron como suele ocurrir en éstos casos.Qué lo hizo tropezar a Roberto Porretti?Las malas compañías? La falta de astucia y de cintura política? La ambición desmedida?.Llegó el otoño y con él, el escándalo político del intendente que no supo ni sabe explicar qué hacía en un video mal grabado sugiriendo el pago de coimas y mostrando que la extorsión y el favor, para él, son una misma cosa.Pasará un tiempo en la cárcel y las rejas le darán tiempo para reflexionar. Quizá piense lo que dijo George Bataille en La literatura y el Mal: “Creo que el hombre se yergue necesariamente contra sí mismo y que no puede reconocerse, que no puede amarse hasta el fin, si no decide ser objeto de una condenación.”
*marcelamilone@yahoo.com.ar