Doctor House (a la criolla)

El fin de semana tuve que viajar al interior de la provincia de Buenos Aires. Primer problema que se me planteaba: ¿Conseguiría gas-oil para el viaje de ida? ¿Y para el de vuelta? Segundo problema:¿ Me pararían los señores agropecuarios en plena ruta y jugarían con mi desesperación de llegar a destino antes de que oscurezca? “¿Y si de buenas a primeras el tractorazo anunciado para otro día lo concretan el domingo y yo quedo como secuestrada entre las vacas, los mates y los reclamos de un conflicto inacabable?” pensé y me paralicé casi con la misma precisión. De todas maneras, emprendí el viaje el viernes a la mañana, mientras hacía cálculos matemáticos de kilómetros y de los amigos que viven en pueblos cercanos, quienes irían en mi ayuda en caso de que todo o algo se complicara. Pero lejos de los malos pensamientos y los malos augurios, el viaje de ida fue exquisito. Sin ganado cruzando la ruta, con algunas cosechadoras paseando como de domingo a la tarde, y muchas aves abriéndose paso para no ser atropelladas, llegué a destino sin más alegría que un sol de primavera y Caetano Veloso cantando para mí.Una vez en la ciudad de Benito Juárez (ese era mi destino) contesté las preguntas de rutina y conté a quién me quisiera oír, que nada había obstaculizado mi viaje, que elegí la ruta 29 porque en la ruta 3 me complican tantos camiones circulando y que no paré en ninguna estación de servicio porque mi ansiedad siempre me gana de mano. Pero la sorpresa llegó el sábado a la tardecita sin más anuncios que un cirujano con poca paciencia y un conflicto salarial que no estaba en mis planes. Resulta que operaban a mi madre, y luego de muchos trámites en IOMA y esperar una prótesis de cadera por varias semanas, el momento tan ansiado llegó y con él, la ausencia de kinesiólogos en el hospital por problemas de pago. Conseguir un profesional de la salud un fin de semana es casi imposible..Cuando se mezclan la política, los derechos y la vulnerabilidad de los pacientes todo se complica y se cae.Hablando con el anestesista de turno (cumplía la guardia reemplazando a un amigo luego de viajar desde San Martín de los Andes, sin más premio que un agradecimiento y unos pocos pesos) me enteré que el problema de las distancias, de los insumos insuficientes, y la escasa, por no decir nula, decisión política de dar un presupuesto acorde a las necesidades básicas de los hospitales, eran elementos suficientes para alarmarse y tomarse el tema con suma seriedad. La operación de mi madre salió bien.El kinesiólogo aún no apareció. El conflicto del campo no me demoró tampoco en el viaje de vuelta, pero el conflicto de la salud me demora los pensamientos hasta éste momento.“Donde hay una necesidad hay un derecho” dijo alguna vez Evita. Es tiempo para recordarlo.*
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